Al norte de la provincia de Ourense, separada por el rio Sil de la provincia de Lugo, se encuentra la Ribeira Sacra ourensana.

En la Baja Edad Media, los eremitas escogieron esta área por su aislamiento, clima y posibilidades agrarias, para hacer los primitivos asentamientos que con el tiempo dieron lugar a los distintos monasterios.

Santa Cristina de Ribas de Sil, Santo Estevo de Ribas de Sil, San Pedro de Rocas, Santa Maria de Montederramo, San Paio de Abeleda, etc., lugares de recogimiento, oración y santidad, fueron aprovechados para el desarrollo y mejora del cultivo de la vid y del castaño, favoreciendo el comercio de sus productos.

Prosperaron y luego languidecieron con la pérdida del poder político del Reino de Galicia. Con la desamortización de Mendizabal fueron abandonados por los monjes, pasando a ser utilizadas sus dependencias por los vecinos.

Hoy están restaurados excepto el de San Paio, todos ellos se pueden visitar.